Comunicaciones al seminario “Culturas Políticas” (Vitoria-Gasteiz, septiembre de 2011).

Recojo en este post el texto de la presentación de las comunicaciones al seminario “Culturas Políticas” que coordiné en el III Encuentro de Jóvenes Investigadores de la Asociación de Historia Contemporánea (AHC). Facultad de Letras – Universidad del País Vasco. Vitoria-Gasteiz, 13-16 de septiembre de 2011.

El texto de Sara Fuster Diéguez: “Discurso político de la reacción de 1823 a través de las canciones absolutistas: el trágala, la pitita, coplillas diversas, y las canciones de los soldados franceses de los Cien mil hijos de San Luís, dedicadas al Duque de Angulema y a Fernando VIIparte de una perspectiva teórica de análisis del discurso que se enraíza en la denominada Historia de los Conceptos que, partiendo principalmente de los trabajos de Reinhart Koselleck, se ha asentado en la historiografía española en la última década en torno al análisis de la polisemia y transformación semántica de los conceptos.

Sara Fuster analiza la literatura absolutista en el contexto de la Reacción de 1823. Aborda especialmente el estudio de La Pitita y de algunas canciones de los soldados franceses del Duque de Angulema como mecanismos de creación y difusión de ideología política. A través de las canciones francesas muestra la idealización política de la intervención francesa en España en el marco del imaginario político contrarrevolucionario, así como la exaltación de Luis XVIII como héroe y padre de la Patria, protector de la prosperidad, garante del orden y la justicia y libertador de España de las manos de la considerada hidra revolucionaria.

Interesante resulta también la explicación que la autora realiza sobre cómo La Pitita se convierte, a efectos simbólicos y prácticos, en la versión contrarrevolucionaria de El Trágala del Trienio Liberal. La Pitita recogía y difundía un imaginario político centrado en los grandes males de la Patria, de los cuales se culpaba al Liberalismo.

El trabajo de Vanessa Spinosa: “Cultura jurídica y cultura política en los trópicos: un estudio sobre el caso brasileño en el contexto de la independencia” aborda la construcción institucional y legal del Estado brasileño independiente a partir tanto de una cultura jurídica y política liberal importada de Europa, como de la tradición jurídico-institucional colonial portuguesa. El resultado habría sido la articulación de un sistema constitucional  sobre las bases de la estructura política y socio-económica colonial.

La Carta constitucional brasileña de 1824 sancionaba un poder amplísimo para el rey como garante de la indivisibilidad del imperio, en el cual la corriente conservadora fijaba la tendencia centralizadora, mientras que la cultura política liberal empapaba el sistema a través de la descentralización judicial y de los códigos legales, ya que constituían contrapesos importantes del poder acumulado por el rey.

El trabajo de Josué J. González Rodríguez y Blanca Divassón Mendívil:En torno a la cuestión social y la responsabilidad del Estado: los orígenes del intervencionismo en España (1870-1900)” se enmarca en un proyecto de investigación grupal más amplio, dirigido por Miguel Ángel Cabrera, cuyo objetivo general es el análisis de la formación de la ciudadanía social en España. El objetivo particular de Josué González y Blanca Divassón es reconstruir las bases discursivas sobre las que se articuló la legislación social de comienzos del siglo XX, así como sus precedentes durante las décadas finales del XIX.

El texto parte de la crítica a los modelos explicativos basados en lo que los autores denominan “el establecimiento de una relación mecánica entre las condiciones materiales de existencia y la promulgación de la legislación social”. Estos modelos explicativos vendrían a afirmar que el deterioro de las condiciones objetivas de vida llevaría a la organización del movimiento obrero y a sus reivindicaciones, lo que, a su vez, conllevaría la toma de conciencia, por parte de los legisladores, de la necesidad de una legislación laboral que protegiese a los más desfavorecidos por el nuevo sistema liberal-capitalista.

Por su parte, Josué González y Blanca Divassón analizan la legislación social de las décadas de 1870-1890, que preceden a las leyes de Dato de comienzos del siglo XX, y llegan a la conclusión de que la práctica intervencionista en materia laboral viene impulsada por la asunción previa de un discurso de referencia articulado a partir de las reflexiones críticas que durante el siglo XIX recibió la Economía Política. Estas reflexiones críticas habrían minado la confianza de los legisladores en las leyes económicas naturales que, según la Economía Política, llevaban a la armonía y el progreso sociales. En consecuencia, ello habría abierto la puerta al intervencionismo estatal en materia laboral y social.

Antonio Alcusón Sarasa, en su texto “Las elecciones a diputados en la provincia de Huesca como reflejo del predominio de una cultura política liberal-republicana (1914-1923)”, parte de un concepto ecléctico de cultura política, que se aleja de la definición canónica original en la Ciencia Política. Niega la idea de culturas políticas nacionales y toma como referencia la definición que del concepto analítico de la cultura política se realizó en la nueva historia política francesa.

Antonio Alcusón trata de aplicar este enfoque al estudio de la cultura política liberal-republicana entre 1868 y 1914, centrándose en la provincia de Huesca. Al respecto observa la evolución desde la diversidad político-cultural republicana del Sexenio democrático hacia la hegemonía del republicanismo liberal durante la Restauración borbónica, hegemonía que se habría apoyado, por un lado, en el sostenimiento de una red de espacios de sociabilidad y, por otro lado, en el control de una red política clientelar con poder.

Luis Velasco Martínez,en el trabajo “El papel de las asociaciones culturales en el desarrollo del fascismo en España: La agrupación Martín Codax de Vigo 1932-1936”,parte de la constatación del escaso peso que el fascismo, como movimiento, tenía en Vigo y en Galicia antes del Golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Por  ello, se pregunta por los espacios, procesos y mecanismos de fascistización que, antes del Golpe de Estado, sentaron las bases para la formación de los cuadros políticos de Falange Española en Galicia y, en particular, en Vigo.

Para Luís Velasco fueron la asociaciones culturales, como la llamada Martín Codax, ligadas a la CEDA, a Acción Católica o a las Juventudes de Acción Popular, las que se habrían convertido en centros de adoctrinamiento y enculturación política de grupos de jóvenes con un sustrato ideológico previo muy marcado en torno al catolicismo, al nacionalismo y al anti-marxismo. Para ello, realizaron actividades educativas y benéficas: representaciones teatrales, escuela nocturna, publicación de prensa, participación en Radio Vigo, etc. La asociación cultural Martín Codax poseía un discurso aparentemente apolítico, pero al que le subyacían categorías parafascistas y nacional-católicas, como apelaciones a la raza, al catolicismo o a la juventud renovadora. Además, desde 1935, el periódico de la asociación se convierte en defensor de Falange Española, en el marco de la estrategia que esta organización llevaba a cabo de generación de conflictividad social y política.

Por todo ello, la asociación Martín Codax constituyó el vivero político-cultural en el que se formaron y del que se extrajeron los cuadros de todas las familias políticas que, finalmente, se integraron en el movimiento falangista de Vigo tras el Golpe de Estado de julio de 1936. Para Luís Velasco, la Martin Codax no puede ser considerada una asociación fascista, pero ha de ser tenida como uno de los principales instrumentos de fascistización de los jóvenes católicos y derechistas de Vigo.

El texto de Germán Ruiz Llano: “Villarreal de Álava e Isusquiza: imaginario e idealización del voluntariado alavés durante la Guerra Civil” se adentra en el análisis de la creación de imaginarios míticos sobre los batallones carlistas durante la Guerra Civil. El autor aborda la idealización no sólo de los requetés alaveses, sino de los espacios y lugares en los que éstos combatieron y murieron, principalmente las poblaciones de Villarreal de Álava e Isusquiza.

Germán Ruiz afirma que el proceso de idealización y mitificación se produce a través de un elenco amplio de formas y medios de comunicación: artículos y reportajes de prensa, fotografías, folletos, libros, documentales cinematográficos, discursos públicos, celebraciones y homenajes civiles, actos religiosos y militares laudatorios, etc. El autor se detiene en la detallada explicación de la importancia que, al respecto, jugaron también la organización de funerales y entierros en honor de los fallecidos, lo que, sin duda, constituía una sacralización de los mitos que se estaban construyendo.

Los actos de homenaje póstumos que, cada año, se celebraron en honor de los requetés caídos constituían un mecanismo de revitalización de los mitos construidos y del propio imaginario político que le subyacía. Su fuerza simbólica e identitaria fue tal, que los mitos de los voluntarios requetés y de los lugares en los que se ubicaban sus acciones heroicas se integraron en el imaginario franquista general de la Guerra Civil, así como en la agenda litúrgica que cada año rendía culto a los llamados caídos por España, al tiempo que mantenía la criminalización de los vencidos. En el caso de los lugares de Virrarreal e Isusquiza se estableció una celebración anual, cada 15 de septiembre, consistente en un Vía Crucis, una misa y una comida campestre. Con el tiempo se convirtió en una celebración litúrgica de referencia para el conjunto del movimiento carlista, de hecho aún hoy en día se celebra.

Adrià Llacuna Hernando en su trabajo “Nación y clase en el comunismo británico. Internacionalismo, antifascismo y democracia en la cultura política del período de Entreguerras (1919-1939)”aborda la formación del Partido Comunista de Gran Bretaña en el contexto de la articulación y transformación de la cultura política internacionalista entre las décadas de 1910 y 1930. Durante la década de 1920, esta cultura política se transforma por la enorme influencia ejercida por las tesis leninistas de la Internacional Comunista convirtiendo el antiimperialismo en el concepto de referencia. Ello marcará el posicionamiento del Partido Comunista británico frente al movimiento independentista irlandés, al que ven como movimiento popular revolucionario antiimperialista.

Durante la década de 1930, la cultura política comunista evoluciona al trasladarse el punto de referencia discursivo desde el antiimperialismo hacia el antifascismo. En este contexto, las acciones y estrategias del comunismo británico se orientan, sobre todo, hacia el frentismo o aliancismo nacionales antifascistas. No se abandona el campo de acción internacionalista, pero el referente, como antagonista central del frente revolucionario en el imaginario político, será también el fascismo y no el imperialismo.

Finalmente, Adrià Llacuna realiza un breve repaso de la historiografía anglosajona sobre el Partido Comunista de Gran Bretaña y de sus sesgos interpretativos y teórico-metodológicos: desde las interpretaciones basadas en la idea de la “teledirección” soviética del movimiento comunista británico hasta la historia comunista militante. Adrià resalta los intentos, desde la década de 1990, de explorar una historia del comunismo británico “desde abajo”, así como la necesidad de desarrollar una historia social y cultural del Partido Comunista de Gran Bretaña, en la cual se preste atención a las culturas políticas que, en el contexto inglés de comienzos del siglo XX, articularon a los grupos políticos que, posteriormente, se aglutinaron en el Partido Comunista británico y asumieron la transformación comunista leninista.

Enrique González de Andrés,en su trabajo “La naturaleza política de la Dictadura franquista según el Partido Comunista de España (PCE) y sus efectos en los inicios de la Transición española (1972-1977)”, realiza un acercamiento al discurso del Partido Comunista de España, sobre todo al hecho de que este colectivo mantuvo inalterada durante toda la dictadura su interpretación del Régimen franquista como régimen fascista sobre la base de la definición de fascismo que realizó la Internacional Comunista en la década de 1930.

Para el autor, tras ello hay una voluntad estratégica. Partiendo de las reflexiones de Alfonso Botti, Enrique González afirma que mantener una interpretación del régimen como fascista permite mantener una estrategia que parte también de la década de 1930. El régimen fascista puede y debe, según la propia doctrina de la Internacional Comunista, ser combatido con la lucha de masas y la ruptura revolucionaria social y política que, pasando por una etapa democrática y republicana, llevase finalmente al socialismo. Es decir, la estrategia frentista o aliancista de la década de 1930 seguía siendo la más idónea para la España de la década de 1970.

En este sentido, Enrique González muestra este posibilismo del PCE en base a dos  fenómenos históricos. Por un lado, las restricciones democráticas que Comisiones Obreras imponen a sus grandes huelgas del año 1976. Por otro lado, el enraizamiento que los líderes del Partido Comunista de España, como Dolores Ibárruri, realizan de la estrategia de su partido durante la Transición Democrática respecto a la estrategia del Partido Comunista durante los años 1936-1939. Para la Pasionaria, el PCE habría sido el último y más tenaz defensor de la Segunda República y de su sistema democrático, lo que, por otra parte, lo legitimaba para desempeñar un papel importante en el retorno de España a la democracia.

Jon Kortazar Billelabeitia: “El movimiento comunista de Euskadi y la Transición en el País Vasco (1975-1980)” nos explica detalladamente las coyunturas que atraviesa el EMK (Movimiento Comunista de Euskadi) durante la década de 1970 y como su discurso se adapta en cada momento a la estrategia política adoptada en cada coyuntura, centrando al respecto su análisis en los conceptos de clase y nación. A grandes rasgos, Jon Kortazar distingue tres fases en la evolución del EMK.

La primera fase abarcaría desde su nacimiento en 1969 hasta, más o menos, 1975 y estaría marcada por el abandono de la pugna por la capitalización de la herencia simbólica de ETA, cuestión que se plasma en la adopción de la denominación EMK. Ello iría acompañado por un cambio en la estrategia del movimiento, la cual se orientaría prioritariamente hacia la constitución de una fuerza política comunista de ámbito español.

En la segunda coyuntura, entre más o menos 1975 y 1977, el EMK, en el marco del Movimiento Comunista de España, flexibiliza al máximo su discurso sobre la clase y la nación para tratar de acercarse a otras fuerzas comunistas y de izquierda radical con las que formar un frente amplio, cuyo antagonista fuese la oligarquía franquista. Sus objetivos serían evitar que la Transición fuese una mera reforma del Franquismo, y conseguir que supusiese una ruptura revolucionaria con la dictadura.

La tercera coyuntura, durante 1977 y 1978, vendría marcada por los resultados electorales desfavorables para el Movimiento comunista en 1977, el cual dará un nuevo giro estratégico y discursivo para radicalizar su postura de ruptura revolucionaria con el Franquismo y con la propia Transición democrática. En el marco de un retorno discursivo a la ortodoxia marxista, se producirá la ruptura del EMK con la coalición Euzkadiko Ezquerra y su rechazo del Estatuto de Gernika, así como su progresivo acercamiento a la Izquierda abertzale y a Herri Batasuna, a la cual el EMK veía como el mejor exponente de la estrategia de ruptura revolucionaria.

El texto de Alfonso Iglesias Amorín: “El Expediente Picasso: la memoria de un inusual ejercicio de memoria” aborda la compleja y rigurosa elaboración del informe, conocido como Expediente Picasso, al que dio lugar la investigación militar que siguió a la derrota (Desastre de Annual) que, en 1921, el ejército colonial español sufrió en la Guerra de Marruecos. No obstante, el texto de Alfonso Iglesias se centra sobre todo en analizar como evolucionó la difusión del informe hacia la opinión pública a lo largo del siglo XX, reflexionando, al hilo de ello, sobre la formación y transformación de la memoria colectiva.

Durante la parte final de la Restauración borbónica, el informe tuvo un enorme impacto político, pero, por su limitada difusión, tiene un impacto algo menor en la opinión pública. El expediente se convierte, merced al debate político que suscita, en un elemento de enfrentamiento entre los altos mandos del ejército y la clase política gobernante y, por ello, en un factor de primera magnitud para comprender el Golpe de Estado de 1923.

La Dictadura de Primo se convirtió, respecto al desastre colonial y al expediente, en una máquina de olvido institucionalizado. El ataque a la memoria durante la Dictadura dejó paso, durante la Segunda República a cierta postergación, ya que el expediente, a pesar de contar con su primera edición, quedó en un segundo plano. Durante el Franquismo, la memoria del expediente es sepultada y, en palabras del propio autor, manipulada, ya que el expediente cae en el olvido y cuando se le recupera, como es el caso de Manuel Aznar, se tergiversa su contenido. Finalmente, en la actualidad la memoria se hace histórica, sobre todo por la recuperación de buena parte de la fuente histórica que dará lugar a nuevas investigaciones.

Los participantes que optaron por presentar personalmente su texto en la sesión presencial y que completan el elenco de comunicaciones fueron:

Elena Romero Pérez: “La caída del muro de Berlín a través de la prensa chilena ¿reflejo de la realidad política local?”.

Ferran Gómez Albentosa: “Cultura escolar alternativa y revolución.
El caso de la Liga Comunista Revolucionaria”.

Eduardo Higueras Castañeda: “La organización del Partido Progresista-democrático: 1869-1871”.

Fátima Martínez Pazos: “Democracia y República. El funcionamiento interno de los partidos”.

Pablo Montes: “Clases populares y democracia, o el oportunismo de la burguesía. Malversación y usurpación de un viejo concepto”.

Román Miguel González.

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